Inmigrantes ilegales
La distancia entre Estados Unidos y Venezuela es de 4.500 km aproximadamente, lo impresionante de esta cifra, es que en la actualidad muchos venezolanos hacen ese recorrido caminando, para llegar a mejores condiciones económicas que las que hay en su país, a pesar, de considerarse una travesía terrible llena de peligros e incertidumbre. Sin embargo, esta historia es repetida, ya ha sucedido con otros personajes y dirigiéndose al destino del que ahora muchos quieren salir.
En Venezuela a mediados del siglo pasado llegó una oleada de inmigrantes ilegales, la pequeña diferencia es que no venían caminando, sino por mar, en embarcaciones añosas, deterioradas y nada adecuadas para la cantidad de personas que viajaban. Estas personas salían de las Islas Canarias, principalmente de Tenerife y Las Palmas. Las razones por las que huían de su tierra eran calcadas con las vigentes de Venezuela: persecuciones políticas, condiciones económicas bastantes deterioradas y búsqueda de una mejor calidad de vida.
Para estos isleños había posibilidades de conseguir una inmigración legal, sin embargo, requerían hacer un aporte patrimonial más alto de lo que contaban, solo el pasaje en barco de pasajeros, costaba el doble de lo que aportaron al trasladarse en navíos riesgosos en los que podían perder la vida, antes de llegar a su destino.
Entre los años 1948 y 1950 el gobierno de Venezuela implementó una serie de acuerdos para abrir las puertas a cierto tipo de inmigrantes que pudieran colaborar con el desarrollo del país, a pesar de ello no deseaban la entrada de manera ilegal, por lo que elaboraron una serie de leyes, en las que se imponía la deportación o la cárcel, no obstante en la práctica, pocas veces se cumplieron.
Todo esto era con la finalidad de desanimar la llegada de estos viajeros, que aunque no contaban con internet, ni llamadas telefónicas de larga distancia, por cartas se enteraban que podían saltar las penalidades y no sufrir ningún perjuicio. Mientras tanto el gobierno español, condenaba la ilegalidad con palabras, pero no con actos, pues los inmigrantes enviaban remesas y esto servía de alivio para un país bastante golpeado.
Esta travesía de los canarios para llegar a Venezuela duraba más de 40 días de navegación en veleros, en los que encontraban: fuerte oleaje que sacudía las naves, tormentas que causaban inundaciones y vientos de poca intensidad que retrasaban más el viaje. A pesar de estos desafíos, para ellos no eran las mayores amenazas, sino eran las embarcaciones que se prestaban para hacer estos viajes, es decir, por ser viejas, deterioradas y que no contaban con la autosuficiencia requerida para encarar una expedición larga, en la que sería difícil encontrar provisiones por el camino, algunos de estos viajes no llegaban a su destino.
Uno de estos periplo considerados como el de mayor riesgo fue el realizado en el barco Nuevo Teide en 1950, en el que se embarcaron 285 personas aproximadamente, lo peor de esto es que el navío estaba diseñado para recibir a menos de la mitad. Por esta razón el viaje fue bastante incómodo y muchos pasajeros descansaban o dormían sobre su propio equipaje. Aunque para el viaje se consideró llevar comida o agua, al parecer los cálculos realizados fueron insuficientes, en las primeras semanas el racionamiento del líquido vital se hizo presente, por lo que algunos alimentos fueron preparadas con agua salada, además se prescindieron de ofrecer comidas para evitar mayor sed o en ciertas oportunidades ofrecieron licor. La llegada de la lluvia fue parte de la salvación de estos viajeros.
Por otra parte, el motor de esta embarcación se dañó durante el camino y al parecer los insumos para el velero tampoco estaban previstos, hasta el aceite para el motor llegó a agotarse en cierto momento y parte de las velas se rompieron.
Durante esos 46 días los ánimos en la tripulación y en los pasajeros decayeron ante la cantidad de problemas que enfrentaban cada día, no solo era la comida, la escasez de agua y los problemas mecánicos de la nave, también estaba el clima, la falta de vientos favorables necesarios para este tipo de embarcación, ocasionando que el viaje se retrasara cada día más.
Ante la falta de GPS, la llegada de moscas y mosquitos al barco fue motivo de alegría, pues significaba que se acercaban a una isla o a tierra firme. Después de tantas calamidades, estas personas lograron desembarcar en el puerto de La Guaira y fueron recibidos en el país que tanto anhelaban.

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