Niños dejados atrás


Gabrielle fue esa mañana a comprar una maleta. Se decidió por una grande, de madera forrada con cuero y espacio suficiente para todos sus vestidos. Con esta compra se confirma la decisión que tiene desde hace meses pensando. Salir de esta pequeña isla y vivir en un continente, donde pueda encontrar más oportunidades, para ella y su pequeña hija de 7 años.

Hace meses atrás la contrataron para hacer una cena de gala en la casa de una de las familias importantes de Martinica. El evento era por todo lo alto, se trataba del recibimiento de la hija de un gran general venezolano. Esta joven adinerada, quedó encantada con los sabores de las comidas realizadas por Gabrielle. Por eso, al final de la noche la mando a llamar, para agradecerle por todo lo realizado y finalmente, ofrecerle  trabajo en su casa. La paga sería tres veces más de lo que ganaba, además de incluir vivienda y comida.

Siendo una madre soltera, considera que sus grandes dotes para cocinar pueden ser una forma de salir de una vida de precariedades para alcanzar el sueño de estabilidad y holgura económica. Venezuela es un país con riquezas y recursos, muy diferente a la pequeña isla en la que vive.  

Algunas amigas le han enviado cartas contándole sobre Caracas, un lugar con clima frío, con bellas edificaciones. Piensa en lo mucho que extrañará la playa, pero sus pensamientos siempre van hacia su hija. Como no sabe dónde se quedará o si le dará tiempo de cuidarla, habló con su hermana que está casada y no tiene hijos, para que se quede con la pequeña Paulette, hasta que ella se establezca.

Ese año 1928, llegó el día de la partida de Gabrielle, en un gran barco. Paulette lloró, sintió rabia, pensó tener un hueco en el pecho del gran dolor, que llamó abandono. Ella se había convertido en uno de los muchos niños dejados atrás por la migración.

Este relato real cuenta algo que se repite en la historia. Los personajes cambian pero el suceso sigue siendo el mismo. Desde el año 2000 muchos venezolanos han emigrado, en varios casos dejando a sus hijos, para luego mandar por ellos. Un grupo lo ha logrado, otros no han podido y hay quienes simplemente no han querido.

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