Proceso emocional


Kalervo Oberg, habla de varias etapas por las que pasa un migrante al llegar al país de destino, por eso me gustaría con este texto explicarlas mientras, te cuento la historia de Francesco Di Lorenzo, un inmigrante italiano que llegó a Venezuela en 1954.

Francesco era un jóven de tan solo 20 años que según él sabía hacer muchas cosas, pero en la realidad no tenía idea de nada. Sobreviviente de la segunda guerra mundial, vivió en un pueblo cerca de una gran ciudad. Su madre vendía pan, así que tenía ciertos conocimientos de dicha labor.

Mientras estudiaba, ayudaba en algunas granjas con el manejo de ganados. Varios de sus amigos habían podido emigrar, por lo que le informaban cómo hacer para que le aprobaran una visa venezolana. Todo lo que tenía que hacer era mentir, decir que era un operario en una fábrica textil y listo.

Así fue, que luego de pedir un préstamo y gastar todos sus ahorros en un pasaje de barco, llegó a Venezuela, un país con el que estaba ilusionado y, con el que soñaba desde hace meses atrás.

Las primeras semanas fueron como lo describe Oberg, una luna de miel, se erradicó en Caracas en la zona de Catia, una ciudad con un clima excelente, según el mismo ni tan frío, ni tan caliente, la misma está rodeada de montañas, con muchísimos árboles. Entendía bastante el español y los demás descifraban con facilidad lo que decía.

Luego de un mes pasó a la siguiente etapa, llamada rechazo o regresión (Oberg). Todo comenzó porque no conseguía trabajo, el dijo que era operario, pero no podía buscar empleo en esta área porque su mentira quedaría descubierta. En Caracas para la época se realizaban varias construcciones, así que esperaba la oportunidad de trabajar como obrero en alguna de estas, pero su falta de conocimientos, además de su delgadez extrema le impedían que lo contrataran en alguna de las obras. La comida venezolana no le gustaba, las arepas le parecían insípidas. Su nivel de español era insuficiente para resolver los problemas que se presentaban al tratar de trasladarse. Contaba con pocos amigos en esta ciudad, y su familia, seguía en otro continente. Comenzó a tener dudas de su decisión de emigrar, consideraba que en Italia todo era mucho mejor, hasta el agua.

Pasaron las semanas, sin embargo, Francesco casi estaba en la indigencia, en las mañanas caminaba buscando empleo. En las tardes se paraba en una plaza para pedir algunas monedas. Por lo menos tenía donde dormir, porque había pagado una habitación en una pensión por adelantado. Fue en ese lugar en el que se ocurrió la idea de hacer panes para vender, al ver a las mujeres que vivían allí, dónde en la cocina común, hacían arepas para vender.

Comenzó un día con 10, luego llevó 20 y a fin de mes ya eran 50. De esta manera continuó hacia la fase de ajuste (Oberg), se adaptó a la ciudad, consiguiendo clientes en diversos lugares, Caracas dejó de ser una ciudad inhóspita, para convertirse en el hogar donde tenía amigos y gente con quien compartir. Las groserías ahora se le salían en venezolano.

En 5 años Francesco logró alquilar un pequeño local para vender sus panes, tenía 2 empleados, (fase de dominio, Oberg). Pero un día una de las cartas provenientes de Italia no daban buenas noticias, luego de pensarlo por días decidió venderlo todo para repatriarse. La llegada a su país de origen le causó tristeza y felicidad a la vez.

La historia del proceso descrito por Oberg se volvería a repetir porque Francesco no llegó solo, su mujer y su hijo emigraron junto con él.  

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